Todo a su ritmo y a su tiempo

 

En la rutina del día a día sobran las tareas que hacer y pareciera que faltara tiempo para realizarlas. La mayoría de la gente busca desesperadamente resolver mil cosas a la vez, trabajan en exceso y viven en un eterno ajetreo, mientras que por sus mentes pasan cientos de  pensamientos reiterativos, la mayoría sobre conflictos, temores acerca de lo que ha de venir, etc.

Esto último es un tormento innecesario que limita la capacidad creativa, el crecimiento y la evolución del ser humano. Se requiere evaluar nuestro sistema de creencias y la perspectiva con la que percibimos el entorno. Por ejemplo, sí la costumbre es pensar en el peor desenlace de determinada situación, trata de “caer en cuenta” de este hábito e inmediatamente sustituye el pensamiento nefasto por otro en el cual aquello que te atormenta se resuelve de la mejor manera para todos los involucrados y luego, deja pasar ambos pensamientos y enfócate en otra cosa.

A medida que aumentes esta práctica, verás cómo despejarás tu mente, armonizándote con tu entorno de forma maravillosa. Por otra parte, suelta todas las expectativas que tengas acerca de un resultado determinado. Mucha gente se esfuerza en forma desmedida por alcanzar metas ambiciosas y luego cuando las concretan, sienten un vacío inmenso, pues la cuestión no era cómo ellas la esperaban. Esto ocurre porque “olvidaron” disfrutar el camino hacia la cúspide, compartiendo con sus seres queridos e interpretar en forma adecuada las “señales” que se les iban presentando para hacer un alto y descansar durante el recorrido.

Hace varios años, un amigo me invitó a subir el Cerro El Avila. Tan pronto nos bajamos del carro, se colocó sus audífonos y durante todo el recorrido permaneció con la mirada en el suelo, volteando de vez en cuando para hablarme alguna cosa. Veinte minutos después comencé a buscarle conversación adrede:

  • ¿Vistes que bella se ve la ciudad desde esta parte del cerro?
  • Ah sí, sigue en el mismo sitio donde la dejé la semana pasada (risas); me contestó.

“Graciosito el niño”, pensé. Le comenté entonces:

  • ¡Mira que bella esa mariposa azul que viene por allá!…ahhh, voltea para que veas aquel colibrí ¡Que lindo! El chico se quedó atónito ante tanta belleza y por vez primera había parado para contemplar algo de aquel paisaje. Me dijo: primera vez que veo un colibrí por aquí ¡Que bello en verdad!

  • ¡Nooo chico! en El Avila hay cientos de colibríes y pajaritos bellos, te pasaste, le dije.

Obviamente, estaba tan enfrascado en llegar a la cima, que se estaba perdiendo de percibir la energía del lugar, la belleza de sus parajes y sus animales. Cuando recorremos nuestro camino de vida, contemplando lo bello, lo bueno, haciendo lo que nos gusta con infinito amor, compartiendo momentos gratos con nuestros seres queridos y despejando la mente del ruido externo, la percepción que tenemos del mundo cambia de manera determinante, haciéndolo más amable y menos hostil. De esta manera, nos desapegamos de los resultados que queremos por lo que al disminuir la presión por llegar a la meta, se nos hace placentero el recorrido y en contraste a lo que piensa la mayoría, se llega más rápido. Así que a poner en marcha la creatividad hasta hacer realidad lo que se quiere lograr, calmando la mente para disfrutar el camino elegido y al llegar a la meta, tu corazón desborde alegrías y satisfacciones.

 

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